El síndrome del cuidador. Parte II


En el anterior post vimos cuáles eran los síntomas que conformaban este síndrome y en qué consistían. En esta ocasión, veremos qué es lo que podemos hacer para amortiguar sus efectos.

¿Qué podemos hacer para manejar los pensamientos erróneos? Ante todo, no hacer una montaña de un grano de arena. Tampoco debemos culparnos de cosas que se escapan a nuestro control; solos seremos incapaces de llegar a todo, por lo que tenemos que aprender a delegar; asumir que no siempre tenemos la razón y que las opiniones de los demás pueden sernos útiles; y, por último, cambiar la frase “tengo que…” por “intentaré…”.

¿Qué podemos hacer con el insomnio? He aquí unas normas básicas de higiene del sueño: la habitación es solo para dormir, por lo que debemos procurar no realizar ninguna otra actividad en ella; acostarnos sólo cuando tengamos sueño, si tras un rato en la cama no logramos dormirnos, debemos levantarnos e irnos a otro lugar hasta que volvamos a tener sueño; evitar dormir durante el día; evitar bebidas estimulantes (café, té, chocolate) así como el tabaco; la cena ha de ser ligera y, por último, no mirar el reloj por la noche.

¿Qué podemos hacer si tenemos problemas físicos? Dormir lo suficiente, hacer ejercicio físico (estiramientos, caminar), hacer ejercicios de relajación y respiración, beber mucha agua y cuidar la alimentación. En caso de problemas de salud severos, acudir al médico. Debemos tener en cuenta que cuidándonos, cuidaremos mejor.

¿Qué podemos hacer ante la soledad y el aislamiento? Lo más sencillo, al mismo tiempo que lógico, es relacionándonos con familiares, amigos, etc. Pero también podemos compartir nuestras experiencias con otros cuidadores, esto nos vendrá bien. Aunque en principio parezca algo imposible, debemos encontrar el modo de salir, al menos, un día (o noche) a la semana fuera de casa. Si alguien nos ofrece ayuda, no debemos rechazarla. Debemos aceptarla aunque el familiar al que estamos cuidando se oponga.

¿Qué podemos hacer para reducir la ansiedad? En primer lugar, debemos prepararnos antes de tener que enfrentarnos a la situación. Para ello debemos conocer qué es lo que le afecta al familiar dependiente (problemas de salud, emocionales, etc.); no anticipar acontecimientos, lo que tenga que pasar, pasará; intentar relajarnos y actuar con calma. Siempre que se pueda y sea posible, alejarnos un poco de la situación, de esta manera podremos ver las cosas desde otro ángulo y así poder tomar decisiones más acertadas.

Y por último, ¿Qué hacer ante una depresión? Ante todo, saber que la depresión tiene tratamiento, consultar con un profesional. Lo que nosotros mismos podemos hacer es: 1) planear las tareas con antelación, 2) buscar un momento al día para nosotros mismos (leer un libro, tomar un baño relajante), 3) Pedir ayuda sin esperar que alguien nos la ofrezca, 4) no perder la relación con las amistades, 5) conocer nuestros límites y no sobrepasarlos, 6) no juzgar nuestros propios sentimientos, éstos no son ni buenos ni malos y 7) no ignorar nuestras propias necesidades.

Puesto que éste es un tema bastante complejo y extenso, os dejaré un enlace de la Obra Social “La Caixa” donde podréis encontrar mucha más información:


Una recomendación es tomarse un poco de tiempo de vez en cuando para uno mismo, confiando el cuidado a otras personas, y no olvidar que nosotros, aunque cuidadores, también tenemos una vida y que solo podemos dar un cuidado de calidad a otra persona si nosotros estamos bien cuidados.


“La salud no lo es todo pero sin ella, todo lo demás es nada”
Arthur Schopenhauer

El síndrome del cuidador. Parte I


¿Quién no ha escuchado alguna vez hablar de este síndrome? Pero, ¿sabemos realmente en qué consiste? En esta entrada trataré de dar unas pinceladas sobre los síntomas que lo conforman para, posteriormente, proporcionar algunas recomendaciones que ayuden a amortiguar sus efectos. Entre los principales síntomas que pueden aparecer en las personas cuidadoras, y ante los que debemos estar alerta, son:

Pensamientos erróneos del tipo “soy la única persona que puede cuidarle”, “es mi obligación cuidarle”, “soy egoísta si quiero espacio y tiempo para mí mismo/a”.

Insomnio. Nos cuesta conciliar el sueño, nos levantamos de forma frecuente durante la noche, nos levantamos mucho más temprano que antes y nos cuesta volver a dormir.

Problemas físicos tales como temblores, fatiga, molestias digestivas, cefaleas, sudoraciones, tensión muscular.

Soledad y aislamiento. Dejamos de quedar con los amigos, ya no disponemos de tiempo para nosotros mismos.

Ansiedad. Acaloramientos o escalofríos, mareos, vértigos, sensación de falta de aire, taquicardia, sequedad de boca, mostrarse irritable por cualquier cosa, miedo a enloquecer o perder el control.

Depresión. Pérdida de interés por cosas que antes nos gustaban, ideas de muerte, abandono del aspecto físico.

En la segunda parte de este post, que publicaré en breve, abordaré aquellos aspectos que nos ayuden a reducir estos síntomas.

Una recomendación es participar en grupos de ayuda mutua con otros cuidadores para compartir experiencias y desahogarse con personas que se encuentran en la misma situación. En caso de derivar en depresión o ansiedad, consulte con un profesional.

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”
Khalil Gibran

¿Quién dice que se acabaron las relaciones sexuales en la vejez? El sexo no es sólo cosa de jóvenes


Muchas veces hemos escuchado que las personas mayores no mantienen relaciones sexuales, carecen de apetito sexual y otras tantas cosas que no dejan de ser más que mitos con los que hay que acabar. Cierto es que las relaciones sexuales se viven de modo diferente en las distintas etapas de la vida, pero de lo que no cabe duda es de que el modo en que las vivamos influyen en nuestra salud y felicidad. El campo de la sexualidad no se limita sólo a la genitalidad, sino que se extiende más allá, llegando al afecto, el deseo, la pasión. En muchas ocasiones los prejuicios vienen dados por las propias personas mayores llegando, incluso, a sentir vergüenza, ¿a caso el sexo es sólo cosa de jóvenes? La respuesta es un rotundo no, el sexo no tiene edad.

Con los años vamos teniendo ciertas limitaciones fisiológicas que para nada nos limitan por sí solas a disfrutar con la pareja y que, con los medios adecuados, pueden solventarse. Algunos de los cambios más frecuentes en el cuerpo son, en el caso de los hombres, respuesta más lenta a la excitación y cambios en la sensación de la eyaculación. En el caso de las mujeres, aparecen sequedad vaginal, excitación más lenta y cambios en la elasticidad de la vagina. La mayoría de estos cambios pueden ser compensados con mayor tiempo de caricias, buscando nuevos estímulos, geles o cremas lubricantes y, en su caso, algún medicamento (siempre con prescripción médica).

Una recomendación es, siempre que lo estime oportuno, consultar con un profesional que pueda ayudarle y orientarle. Con la edad no se extingue el deseo sexual, solo disminuye su frecuencia.

“Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa,
 procuro hacerla enseguida”
Pablo Ruiz Picasso

Preparando la Jubilación: ¿Cómo organizar el tiempo tras la jubilación?


La jubilación es una etapa vital que implica un cambio drástico en nuestras vidas y en cómo la organizamos. A partir de este momento, nosotros somos los encargados de organizarla y de dotarla de nuevas ocupaciones y actividades. Cuando nos jubilamos aún somos jóvenes, no debemos tomarnos la jubilación como el comienzo de la vejez, sino como un cambio de etapa similar al matrimonio, a la paternidad, etc. En esta entrada me gustaría centrarme en los aspectos positivos de la jubilación.

Es el momento de hacer todo aquello que nos gusta, podemos pasar más tiempo con la familia y los amigos, dedicarnos a nuestros hobbies y aficiones. Para disfrutar plenamente de esta etapa, debemos organizar bien nuestro tiempo para que haya cabida a distintas actividades y tareas. No todo tiene que ser ocio, también podemos dedicar tiempo a ayudar a los demás mediante voluntariado, participación en asociaciones vecinales o cualquier otro tipo de agrupación social. También sería un buen momento para emprender proyectos como, ¿por qué no?, crear un blog sobre algo que nos apasione o de lo que sepamos y queramos trasladar a otras personas.

Sea como fuere, siempre hay que dedicar algo de tiempo al ejercicio físico y a la estimulación cognitiva para disfrutar de un envejecimiento, no solo activo, si no también saludable. De esta manera, junto a una dieta sana y equilibrada, se podrán prevenir posibles problemas de salud. Para el ejercicio físico podemos realizar una gran variedad de actividades como caminar/pasear, hacer gimnasia. Para la estimulación cognitiva, sería muy útil realizar crucigramas, autodefinidos, sopas de letras, sudokus, así como cualquier otra actividad que implique trabajar la atención y la memoria.

Una recomendación sería empezar a organizar la jubilación antes de que ésta llegue para evitar problemas de desorientación y sentimiento de vacío debido al cese del trabajo.

“Cada edad nos da un papel diferente”
Napoleón Bonaparte

Presentación


¡Hola a todos! Bienvenidos a "Psicología para personas mayores".

La primera entrada va dirigida a describir brevemente el objetivo que se pretende alcanzar con este blog. Pues bien, la intención es crear un espacio adecuado para que tanto personas mayores como profesionales en esta área, así como otros interesados, encuentren información, material, bibliografía, actividades, eventos y consejos relacionados con el envejecimiento activo y saludable, así como recursos disponibles.

Muchas gracias, estoy a vuestra disposición.